De Jerónimo Mejías
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Margarita era una vaca muy punky. Harta como estaba de
su cornamenta, quiso ponerse una cresta, algo chocante
para la moda reinante vacuna, de siempre muy
convencional. Y el mundo de la moda es lo que tiene, es
inflexible con las tallas y más allá de la treinta y
cuatro no hay vida, sino grasa. Ella era feliz con su
XL, sólo quería adornar su osamenta con una cresta, a
juego con el collar que lucía a lo Sid Vicius . ¡¿Era
algo tan horrible?!...pues, las otras vacas del establo
así lo creyeron. Tenían las otras muy mala leche, a
base de comer sólo piensos transgénicos. La acusaron de
vaca loca y la sentenciaron al matadero municipal. Mal
rollito, pensó Margarita. Y se fue pitando a toda
leche, aprovechando que era San Fermines y todo el
establo andaba obnubilado por los encierros. Todos los
años igual, la manada entera se pasaban los días frente
al televisor, babeando por sus mitos taurinos. Las
ubres se les volvía cocacola viendo el arrojo conque
sus machos enfrentaban la muerte. ¡Con qué garbo salían
al escenario y recibían los aplausos de los humanos!.
Margarita no sabía bien donde ir, pero sí sabía donde
no estar. No le fue difícil traspasar la cerca y
desaparecer cruzando el descampado en las afueras de la
ciudad donde se hallaba la ganadería. No tardó en
alucinar, caminando entre algunos árboles y sobe
abundante pasto. Coño, pensó, habiendo yerba tan fresca
a poca distancia de su vallado. ¡¿Por qué no nos
dejarían salir y estirar las pezuñas, comiendo sano, en
vez de esa mierda de rancho?!...
Pronto supo el por qué... ella nunca tuvo ocasión de
ver de cerca una autovía, y ahora, la mala suerte se lo
enseñaba desde primera fila... desde demasiado cerca,
comprobó la pobre Margarita al convertirse en la
protagonista de un accidente vial.
Malherida Margarita, fue llevada a una clínica
veterinaria. El seguro del coche cubrió todos los
gastos. Cuando recobró la consciencia, escucho como
unos auxiliares veterinarios se reían de cómo había
terminado Margarita encima del techo de un coche.
Coño, ahora esta vaca ya no debe escribirse con “v”
sino con “b” de baca del coche ja, ja, ja...- repetían
con sorna los sanitarios
Vaya, pensó Margarita, por fin... y sonrió, porque
Margarita a diferencias de las otras reses, sí sabía
algo de letras, lo suficiente para saber que ya tenía
su cresta ansiada, en forma de “b”, con el palito para
arriba. Al día siguiente salió en las noticias... “La
Baca que persiguió un sueño”, la llamaron los
periódicos... y las demás vacas, con “v” simples con
forma de astas, movían el rabo cuando la vieron en la
tele como invitada de honor, guiando la manada de toros
bravos a la plaza en los siguientes fiestas patronales
de otra ciudad. Lucía un fantástico cencerro dorado,
como una estrella del hip hop. Es por eso que desde
entonces todas las bacas se escriben con “B”...
Pero todo eso a Margarita le importa un cuerno. Ahora
se encuentra de promoción en la India, buscando apoyos
para exigir a los gobiernos del mundo que en todas las
autopistas existan un carril exclusivo para bacas. La
India le gustó tanto que se esta pensando seriamente
quedarse a vivir allí. Y es que Margarita era una baca
mu, pero que muuuuy punki.
(Uno de los tantos escritos con los que nos deleita Jero, Gracias)

God save the queen...chan...chan chan...